A la mierda las cartas
Es como gritar al viento. Si lo escribo en una hoja y la tiro por el suelo de mi habitación no me sirve tanto. Es lo mismo de siempre, que no puedo quitarme todavía. Para eso tengo que trabajar dos años al menos, y confiar en la suerte. Y recien ahí, tal vez, empezar lo que deseo con mi alma. A riesgo de que algo haya cambiado, se haya endurecido hasta volverse casi irreversible. Es mi sed mártir? no. Soy yo, cobarde, tarde para entender ciertas cosas, inconsciente por la vida, viviendo lo que concentra mi atención, flotando por las cosas excluídas de ésta...como si nada. Hasta que me demandan esfuerzo. Y no solo esfuerzo, sino mi vida casi completamente. Soy cobarde, y lenta y demasiado dependiente de la felicidad o no de los demás. Necesito el orgullo, la admiración, el cariño. Entonces, me adapto con tal de mantener una sonrisa en una cara. En la cara de mi vieja por ejemplo.
Por supuesto, todas estas elecciones no me van a beneficiar en nada mientras no estén superpuestas a mis deseos. A mis elecciones. Elecciones que terminaron quedando afuera y arden en mi interior, y entorpecen mi desenvolvimiento. Y estas elecciones interiores que no estoy llevando a la practica acaban con mis nervios. Como si estuvieran poco a poco quebrando fibras intimas que se vuelven rigídas y se parten bajo el peso de mis deseos mutilados.
Y ese estruendo de fibras crujiendo llenan de ecos el silencio. Entonces hago ruido, me muevo para que en el tránsito de las cosas se confundan con otros sonidos. Y así voy, ansiosa, inquieta, fumando por fumar, comiendo sin hambre, saliendo sin tener ganas, hablando sin querer decir nada, mi habitación en caos, huyendo de casa.
Y ciertas cosas que en otro momento serían razón de orgullo se vuelven irónicas, tristes.
Y, aunque poetice mucho, la realidad no es dulcemente melancólica. Es una incertidumbre, un vacío, una impotencia, una duda terribles.
Es como si llevara dos vidas paralelas. Una en la cual me aplico medianamente a leer textos técnicos sobre los microorganismos del suelo, y otra en la que estoy constantemente pensando y repensando cuestiones, descubriendo..es como si estuviera prolijamente discriminando entre sentires, ideas que reflejan realidades para hecharlas dentro mio...con un fin.
Si. Un fin muy disitnto del que me apuntan los textos.
Y todo ese trabajo, va a llegar, -ya empezó- un momento en el que va a pedir ser pulido, mejorado y llevado de alguna forma a la realidad, a una realidad externa. Y para ello, necesito tiempo, tiempo invertido en probar, tiempo en explorar como hicieron otros por ejemplo.
Y lo menos que voy a tener cuando haya recibido un papel documentando que aprendí todos los textos de microorganismos que tenía que leer , va a ser tiempo.
Asique voy a seguir fuamndo, saliendo, moviendome, hasta que algo acabe conmigo, hasta que se rompa alguna fibra que me desangre para siempre de algo vital, hasta que sea vieja y prefiera la seguridad, hasta que me muera.
O hasta que sea valiente.













